Sobra la ociosidad de nuestras vidas, porque quien se encuentra sin hacer nada, porque no sabe o porque no quiere, está expuesto a que el mal entre en su alma. ¡Hay tantas cosas que hacer! Dentro de nosotros mismos y ayudando a los demás. No debemos poner excusas ni intentar justificarnos en el cansancio, la enfermedad o los años, para quedarnos quietos, porque esto siempre es malo. Que nuestra mente y nuestras manos no descansen en hacer el bien, que es la más hermosa de las tareas que Dios nos tiene encomendadas.

Marcos 1,40-45
En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: -«Si quieres, puedes limpiarme.» Compadecido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: -«Quiero:

