Sobran complejos en los que nos consideramos creyentes. A menudo carecemos de la fuerza necesaria para demostrar que la fe es algo muy vivo que puede y debe alumbrar a los hombres de hoy. Nos mostramos débiles. Tal vez por comodidad o por falsa modestia. Pero hoy más que nunca es preciso que nuestra fe, vivida plenamente, hable a las gentes de nuestro entorno que el amor de Dios es lo único que puede hacernos más humanos y solidarios, más libres y comprometidos. Porque la fe es lo único que nos salva.

Lucas 11, 14-23
En aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo. Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a habló el mudo. La multitud se

