Somos propensos a enmendar las conductas de los otros. No porque no se ajusten a la justicia y a la verdad, sino porque no coinciden con nuestras apreciaciones de lo que está bien o no lo está. Damos consejos, juzgamos y hasta nos atrevemos a dictar sentencias condenatorias basándonos únicamente en nuestros propios criterios o intereses. Con ello no conseguimos más que dañarnos a nosotros mismos. Mejor nos iría, en vez de estar tan pendientes de los demás, si nos mirásemos nosotros interiormente y corrigiéramos nuestros muchos defectos.

Mateo 17, 14-20
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre que, de rodillas le dijo: «Señor, ten compasión de mi hijo que es lunático y sufre

