La misericordia de Dios no es grande, sino infinita. Sin límites. Por eso podemos acudir a él siempre, siempre, siempre. Aunque le hayamos traicionado muchas veces. Él nos escuchará, aceptará perdonarnos y así podremos empezar de nuevo a vivir como nos pide que vivamos: amándole a él y amando a los hermanos que son sus rostros vivos que nos rodean a cada instante. Es desde la fe en esa misericordia divina desde donde podemos iniciar el cambio de nuestra vida desordenada a una vida donde se palpe la gracia del Señor Jesús.

Mateo 23, 27-32
En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena apariencia, pero

