
«Estoy con vosotros todos los días»
ASCENSIÓN DEL SEÑOR
(Mateo 28, 16-20)
Los templos se vacían
y los pastores que han de cuidar de los creyentes son cada vez menos.
En tiempos pasados florecían por doquier las vocaciones
y las iglesias se llenaban.
¿Por rutina?
¿Porque había que cumplir con las apariencias?
Hay países donde las deserciones de creyentes son masivas
y los escándalos de eclesiásticos han contribuido a ello.
También los señuelos del mundo
que engañan constantemente a los tibios.
Te vas, Jesús, de este mundo.
Congregas en el monte a los que has elegido
y los envías a la misión:
id por todo el mundo y haced a todos discípulos.
Para que no se sientan desamparados
les prometes que sigues con ellos,
que no les abandonarás nunca.
Cuando me bautizaron quedé convertido en discípulo tuyo.
Es cierto que entonces otros decidieron por mí,
pero el agua derramada sobre mi cabeza
en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo
me insufló la gracia de convertirme en hijo tuyo, Señor.
No hay regalo mayor que éste.
Un regalo que me ha de llevar a compartirlo con los otros
y a invitar a los que no lo poseen a recibirlo.
Sé que tú no nos abandonas nunca,
que has prometido estar de forma permanente
al lado de los que en ti creemos.
Aunque a veces se cieguen nuestros ojos y no te veamos,
estás caminando con cada uno de nosotros,
ayudándonos a sortear los peligros de cada día
y a mantener la esperanza
que nos lleva trabajar por un mundo mejor.
Asciendes al cielo, Señor,
pero te quedas junto a los que has designado hijos tuyos
por el bautismo que hemos recibido.
Ayúdanos a ser fieles discípulos
cumpliendo lo que nos mandas.
Ayúdanos a no desertar de la misión encomendada.
Danos fuerzas para que seamos capaces de demostrar
con nuestros hechos que ser seguidores y discípulos tuyos sí merece la pena.
José Serrano Álvarez
(Rezando al caer de la tarde)

