
«Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos»
XXIII T. ORDINARIO
(Mateo 18, 15-20)
en las contiendas de cualquier tipo.
Y para imponer los propios criterios
es frecuente recurrir a la mentira,
al soborno y a las amenazas más o menos veladas.
Porque lo que importa es vencer al que opina lo contrario.
Las sociedades y los grupos se resquebrajan y pierden fuerza
cuando los que la forman pretenden imponer sus verdades
que muchas veces son meras apreciaciones personales
y no realidades objetivas.
En este Evangelio qué bien explicas, Señor,
lo importante que es la comunidad
y la obligación que ésta tiene de cuidar a todos sus miembros,
no imponiendo las verdades de uno sobre las de los demás,
sino buscando el cuidado del más débil
para llegar juntos a la verdad autentica.
No, no quieres que nadie quede al margen.
Los descarriados nunca deben ser arrojados fuera
ni tratados con desprecio
sino con cariño para que se arrepientan
y sigan perteneciendo a la comunidad. No quieres, Señor, que nadie se pierda.
Deseas que todos nos salvemos.
Si alguno comete el error de apartarse de la comunidad
debemos ir a buscarlo
para que el grupo esté completo.
A menudo nos lanzamos a condenar a quien no es de nuestra cuerda
o al que se ha propasado haciendo lo que no debía.
Eso tú no lo quieres.
No quieres que condenemos a nadie
sino que amemos a todos,
aunque nos repugnen los errores de algunos.
Por eso nos dices que ayudemos
a los que están necesitados.
Y nos prometes que tú estás entre nosotros
cuando nos reunimos en tu nombre
y buscamos ayudarnos unos a otros
para crecer en el amor sirviendo a los que más lo necesitan.
Que aprendamos, Señor, a caminar juntos
no dejando a nadie atrás.
José Serrano Álvarez
(Rezando al caer de la tarde)

