Es a mí, persona concreta, con mi propia identidad, nombre y apellidos, estatura, color de la piel, con mis defectos y mis virtudes, a quien Dios ama. Es por mí, en singular, por quien se hizo hombre y murió en la cruz. Para salvarme a mí. Es a mí a quien ha hecho hijo suyo. No importa que existan los demás, porque yo soy muy importante para Él. Como si los otros no contaran. Como si yo fuera el único ser que habita la tierra. Por eso mi gratitud ha de ser inmensa ya que su amor lo es.

Mateo 9, 9-13 – San Mateo
En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó

