No es suficiente con creer de palabra. Resulta imprescindible llevar a la vida ordinaria el compromiso de la fe. Tenemos que irradiar en nuestras vidas, en todos sus momentos, hasta los más insignificantes, que somos seguidores de Cristo, que le amamos y que estamos dispuestos a ser fieles. No podemos quedarnos en un cristianismo de palabrería, de costumbres rutinarias o de cobardes que esconden su vida. Dios quiere que nuestra vida de frutos evangélicos.

Lucas 6, 20-26
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que

