Imagen con mensaje

«Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos» (XXI T. ORDINARIO)
Foto: R. Misas

Nuestras sociedades están llenas de líderes fantasiosos,
de dirigentes que no son ejemplos dignos de imitar,
de hombres y mujeres que destacan por sus riquezas materiales
o por sus extravagancias en determinados campos.
Hasta los niños sueñan con ser, cuando sean mayores,
esos personajes que aparecen en los medios de comunicación
rodeados de la gloria humana.

Señor, elegiste a Simón Pedro, hermano de Andrés,
ambos rudos pescadores en el mar de Galilea,
para que dirigiera al grupo de tus seguidores
cuando tú te marcharas.
Probablemente no era ni el más sabio
ni el más preparado intelectualmente.
No importaba.
Lo elegiste y él aceptó la misión.
También lo aceptaron los otros.

Simón Pedro fue rotundo en sus palabras, Señor,
cuando preguntaste a todos los discípulos
quién creían ellos que eras tú:
“Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.
Respuesta inspirada por el Espíritu, sí,
que sirvió para que le nombraras tu sucesor
para que la comunidad no se quedara sin guía
cuando marcharas de este mundo.
Simón Pedro asumió el liderazgo
que culminaría con su muerte
defendiendo la fe que tenía en ti.
Ayuda, Señor, a los que dentro de la Iglesia
tienen misiones de liderazgo
para que sean el ejemplo que deben ser.
Ayúdanos también a los que hemos sido bautizados
en tu nombre para construir un mundo mejor
donde sepamos ser hermanos unos de otros
sin arrogarnos primacías que no sean el servicio a los demás.

José Serrano Álvarez
(Rezando al caer de la tarde)

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