Por puro egoísmo y para auto disculparse, el hombre suele echar la culpa de sus desmanes, injusticias y daños que él provoca a Dios. También los que creemos en Cristo tenemos momentos de dudas y vacilaciones y llegamos a preguntarnos por qué Dios nos manda este o aquel mal o permite esta o aquella injusticia. Cuando nos sentimos débiles en nuestra fe, somos propensos a dudar de que lo que Dios quiere es el bien de todos y que las injusticias son obras de los vicios humanos. Él nos dio el mundo para que lo hagamos habitable para todos y construyamos en él la casa donde no haya injusticias, odios, rencores, pobreza y miseria.

Lucas 6, 20-26
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que

