Un creyente no puede cerrar los ojos ante las personas que están a su lado, sean ricas o pobres, sabias o ignorantes, sanas o enfermas, santas o pecadoras. Porque todas ellas son el prójimo al que estamos obligados a ayudar. Todas ellas son hermanas nuestras, hijas de nuestro Padre Dios, y sirviéndolas como nos ha ordenado el Señor que hagamos, estaremos cumpliendo con nuestra obligación y por ello seremos premiados.

Mateo 9, 9-13 – San Mateo
En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó

