Impide, Señor Padre Nuestro, que nos consideremos los mejores. Aleja de nosotros la tentación de creernos lo suficientemente preparados y fuertes para dar lecciones y para resolver todos los problemas. Danos un poco de calma para seguir avanzando, poco a poco, en el camino de la virtud, sin atajos y sin convulsiones traumáticas. Que el deseo de hacer el bien no nos ciegue llevándonos a convertirlo en mal por causa de nuestras irresponsables prisas de autocomplacencia espiritual.

Lucas 6, 20-26
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que

