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No debemos permitir que alguien se aleje de nuestra presencia sin sentirse mejor y más feliz – Santa Teresa de Calcuta

En derredor nuestro vemos continuamente personas apenadas. Múltiples son las causas de ello. Los que tenemos el don de creer en Cristo podemos hacer que sus penas sean menores. Basta que nos lo propongamos, desde nuestra humildad. A veces una sonrisa, un apretón de manos, una palabra de aliento, ayudar en una gestión, acompañarla en los momentos peores… Tantas y tantas son las cosas que podemos hacer para mitigar las penas de los demás… ¿A qué esperamos para sembrar un poco de felicidad entre los que nos rodean?

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Evangelio del día

Lucas 13, 10-17

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Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacia dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y estaba encorvada,

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