Imagen con mensaje

Anunciar el Evangelio es tarea de todo bautizado. Pero este anuncio no es suficiente. Ha de ir acompañado de los actos que pregonen, a los ojos de los que nos escuchan, que creemos lo que predicamos llevándolo a la práctica. Son nuestras acciones la mejor predicación. Mucho más que las palabras o los bellos discursos. Porque el ejemplo que demos es lo que llega a los demás con mayor eficacia. Mal podemos anunciar el mensaje de Jesús si nosotros nos mostramos remisos a llevarlo a nuestras vidas. ¿Quién nos creerá si no vivimos de acuerdo con lo que anunciamos a los otros?

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Cerca de Jerusalén, san Sabas, abad, que, nacido en Capadocia, se retiró al desierto de Judea, en donde fundó un nuevo estilo de vida eremítica

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