No es lo más importante acumular sabiduría humana y tener amplios conocimientos sobre todas las materias. Aunque esto sea lo que cautive a los ojos terrenales. El talento de los creyentes no coincide con lo que el mundo entiende como saber. Para los cristianos lo importante son las personas y lo que éstas hacen, no los conocimientos intelectuales que puedan demostrar. Por eso, son nuestras obras las que nos darán la dimensión de nuestro auténtico saber, que es lo que agrada a Dios. No estamos aquí para aprender cosas y demostrar que somos muy cultos, sino para hacer el bien con nuestras acciones de cada día.

Marcos 1,40-45
En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: -«Si quieres, puedes limpiarme.» Compadecido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: -«Quiero:

