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La paz que nos trae postrarnos ante el Señor, reconociendo nuestra pequeñez, es un bálsamo que cura todas nuestras heridas y nos llena de un inmenso gozo. Si acudimos más a ella, seremos más dichosos. Un creyente que no reza no saborea la alegría interior de sentirse acogido por el Padre bueno. Que nunca nos falte tiempo para orar, pues en la plegaria nos acercamos a quien nos llena de su gracia.

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Evangelio del día

Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado

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