Nuestra sociedad, formada por creyentes y no creyentes, está necesitada de personas que vivan la virtud cristiana de la humildad. Son las personas humildes las que más pueden hacer para mejorar la convivencia que tantas veces vemos saltar por los aires por culpa de la soberbia y el egoísmo que el hombre lleva dentro de sí, al considerarse superior a los demás y a buscar únicamente su propio bienestar.

Mateo 18, 15-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has

