Hay mucha tarea pendiente. El Evangelio aún no ha llegado a todos los hombres. Por eso, quienes hemos sido agraciados con el bautismo debemos estar dispuestos a salir de nuestra modorra para predicar la Buena Nueva a los que no la conocen. La alegría de ser creyentes debemos compartirla, no quedárnosla para nuestro goce egoísta. Si realmente creemos en el Señor Jesús, estamos obligados a predicarlo. De palabra y de obra. Porque lo bueno no se nos ha dado para que nos lo quedemos, sino para que lo compartamos.

Lucas 6, 20-26
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que

