La paz que nos trae postrarnos ante el Señor, reconociendo nuestra pequeñez, es un bálsamo que cura todas nuestras heridas y nos llena de un inmenso gozo. Si acudimos más a ella, seremos más dichosos. Un creyente que no reza no saborea la alegría interior de sentirse acogido por el Padre bueno. Que nunca nos falte tiempo para orar, pues en la plegaria nos acercamos a quien nos llena de su gracia.

Mateo 23, 23-26
En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: -«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino,

