Hacer amigos por intereses personales, del tipo que sean, tiene poco valor. Es fácil que cuando ya no nos interesen o ellos consideren que sobramos en sus vidas, la amistad se extinga por completo o quede relegada a casi nada. Pero si ponemos a Dios en medio de nuestras relaciones amistosas, con toda seguridad haremos amigos de verdad. Ellos serán los que siempre estarán a nuestro lado cuando los necesitemos. Con ellos podremos compartir nuestras penas y nuestras alegrías.

Mateo 9, 9-13 – San Mateo
En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó

